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Piura, La playa encantada

Los Órganos es uno de los rincones más tranquilos del norte. Aquí la calma se respira a pesar de la temporada alta.


Los primeros rayos del sol iluminan la parte más alta del cerro El Encanto. El viento del sur choca penetrante en sus paredes y hace un sonido grave que repercute en la bahía. Dicen los pobladores que la resonancia parece la de un órgano en la mitad de una sinfonía y que de ahí viene el nombre del lugar. Dicen que los tallanes, antiguos pobladores de la zona de Piura, guardaron ahí sus tesoros antes de ser invadidos por los mochicas. Cuentan leyendas de sirenas hermosas en la playa del frente y de sensaciones extrañas en lo más alto, y aseguran, sin dudarlo, que el pueblo que creció a su lado encanta a todos sus visitantes.

EN MEDIO DEL MAR
Las últimas preparaciones para zarpar del muelle de Los Órganos se dan a paso ligero y el bote que lleva a un grupo de ocho personas a hacer el paseo marino costero organizado por Pacífico Adventures está ansioso por partir. En el lugar, pescadores de antaño empezaron ya su faena y, en los alrededores, pelícanos, piqueros, patillos y gaviotas revolotean buscando el desayuno del día. Diez minutos después, el bote zarpa rumbo a la plataforma petrolera; ahí varios ejemplares de lobos de mar descansan a sus anchas cual emperadores marinos, miran de reojo a la tripulación emocionada que les saca fotos sin parar y rugen para dejar en claro quién manda. La embarcación continúa hasta El Ñuro.

Al ser un puerto pesquero en Los Órganos se puede encontrar pescado fresco todas las mañanas. Para que esto continúe es necesario respetar las tallas mínimas y las especies en peligro.



Tortugas verdes de la especie Chelonia mydas bailan relajadas al lado del muelle de la playa; bote se detiene para contemplaralas. Existe la opción bañarse con ellas, pero la entrada es por el muelle y no desde el bote. Luego de verlas nadar habrá que partir. Espera la pesca del día: lo que se saque se convertirá en un cebiche a bordo. El tour dura cuatro horas y en el ínterin uno puede parar a hacer snorkeling o zambullirse y chapotear un rato en medio del mar. Otra opción es visitar a Goyo Mimbela, él es uno de los buzos más reconocidos de la zona y hace unos años dejó el arpón y los plomos para encantar a turistas que, ansiosos por descubrir el fondo marino, lo buscan para hacer tours de pesca de altura y caza submarina en su embarcación, “Leslie”.


Si bien el flujo de turistas no es tan alto, es necesario hacer reservas anticipadas, especialmente en temporadas altas como Semana Santa.
MOMENTOS PARA DISFRUTAR
En Los Órganos el relax es tu mejor amigo. La larga playa guarda una diversa oferta hotelera frente al mar. A pocos metros del muelle viejo, el hospedaje del mismo nombre es uno de los lugares más recomendados para descansar. Las hamacas, distribuidas en todas las habitaciones, son la excusa perfecta para la siesta de la tarde, arrullada siempre por el sonido del mar. El hospedaje organiza surfs, kitesurf o windsurf trips a las playas de la zona.

El paquete incluye transfer desde los distintos aeropuertos, hospedaje y movilidad, además del servicio de filmación y fotografía. Si no eres un experto puedes aprovechar las clases que dictan. Unos metros más al sur está Soleil Bungalows. El hotel ha sabido combinar el estilo balinés con elementos de la zona y así nació este espacio que comprende búngalos King, Queen y familiares, dependiendo del número de personas. Takaynamo cierra esta hilera de hoteles, justo antes de la entrada al condominio Punta Veleros. Desde el restaurante, la piscina y las habitaciones, no se pierde de vista el mar por ningún momento. Además, organizan trekkings hasta los alrededores del cerro El Encanto, y desde ahí uno puede contemplar uno de los atardeceres más bonitos de todo el norte.

EL CERRO ENCANTADO
Durante la temporada de verano la playa crece debido a la acumulación de arena durante los meses de invierno y basta con darle la vuelta a la punta de Los Órganos para descubrir otra playa mucho más tranquila. Este lugar alberga una de las mejores olas del Perú, denominada simplemente “la vuelta” y tiene como guardián silencioso a El Encanto. Hasta aquí llegan los surfers más experimentados para deleitarse con olas perfectas y mar cristalino. Después de una larga sesión los tablistas salen encantados. Los amantes de las caminatas hacen recorridos hasta las faldas del cerro y regresan maravillados, y una y otra vez los visitantes de Los Órganos regresan cada vez con más ganas. Este lugar atrapa, sí. Atrapa y encanta.

¿Qué hacer?Pacífico Adventures
pacificoadventures.com
¿Dónde hospedarse?
Hospedaje Muelle Viejo
muelleviejosurfperu.com
Soleil Bungalows
soleilbungalows.com
Takaynamo
takaynamoperu.com

Abancay, Campos de la nostalgia

La ruta de las haciendas es un atractivo filón turístico en Abancay.

Declarada monumento histórico en 1980, la hacienda Patibamba era tan extensa que sus dominios llegaban hasta las nieves del Ampay. Izquierda: Señora Santosa Moriano, guardiana de la misma hacienda.

Hay que tener un poco de fantasía para imaginar los cristales venecianos, las alfombras persas, los azulejos que decoraban las antiguas haciendas de Abancay. O proyectarse a inicios del siglo XX, cuando el segundo carro que llegó al Perú se paseaba por la hacienda Illanya. O darse una idea de la opulencia que traían consigo las haciendas cañeras, porque el azúcar tenía una trascendencia industrial que no poseían las de pan llevar. “Ahora, en cambio, no se produce un gramo de azúcar en Abancay”, refiere la antropóloga Gilda Carrera, directora regional de cultura de Apurímac. En su voz se percibe la nostalgia de tiempos mejores. “Todo abanquino recuerda las haciendas; se tenía mayor poder adquisitivo, se vivía mejor”, añade la especialista.

Gilda Carrera, directora regional de cultura de Apurímac, posa orgullosa ante un ficus
de más de 400 años de existencia, en la hacienda Casinchihua.
CAÑA BRAVA
Y es que Abancay fue un importante centro de poder económico en el sur andino, al punto que algunas haciendas como Illanya, Pachachaca y San Gabriel, llegaron a tener moneda propia hasta la década de 1960. La estocada mortal a este modo de vida se dio con la reforma agraria, la producción agrícola se fue en picada y los notables complejos arquitectónicos se deterioraron.

Queríamos ver qué había quedado de esa época. Salimos aún a oscuras la ciudad de Abancay y tomamos la vía que se dirige al Cusco. La carretera serpenteó sin cansarse entre bosques de eucalipto hasta el abra de Soccllaccasa, donde tuvimos un magnífico panorama: el nevado Ampay y, abajo, las luces de Abancay se iban apagando. Cruzando el abra se extiende otro paisaje de asombro: la legendaria cordillera de Vilcabamba, con el Apu Salkantay (6.271 m) rasgando el cielo andino.

Un embriagante aroma a anís nos invadió mientras cruzamos el pueblo de Curahuasi. Quince minutos después nos topamos con la hacienda El Carmen. Bandadas de loros nos recuerdan que estamos en un lugar tropical, así como las grandes extensiones de caña junto al sinuoso río Apurímac. Más allá de la casa hacienda con techo a dos aguas, lo que más resalta en esta propiedad es el centenario trapiche, donde se produce un cañazo de primera.

JOYAS DE PACHACHACA
 De regreso en Abancay, desayunamos en el emblemático hotel de turistas, para luego dirigirnos a dos importantes haciendas en la parte media del valle del Pachachaca. La primera es Casinchihua, ubicada en el kilómetro 418 de la Interoceánica. Aunque ahora solo conserva 23 hectáreas de las 4 mil que tuvo en otra época, mantiene una casa hacienda acogedora, con amplios corredores, patios y huertas, campanarios, y la rueda de molino más grande de la región. Por ello, su dueño, el ingeniero Pedro Giraldés, quiere adecuarla para hospedaje.

HAY MÁS DE 30 HACIENDAS CON POTENCIAL TURÍSTICO EN ABANCAY. UNA DE ELLAS, PATIBAMBA, PRODUJO AZÚCAR HASTA LA DÉCADA DE LOS 60.
La segunda es Yaca, una de las más hermosas haciendas de la zona, a la altura del kilómetro 423 de la Interoceánica. Como transportados por un túnel del tiempo, ingresamos por uno de los numerosos arcos que embellecen la propiedad y quedamos sorprendidos al escuchar que de una pequeña iglesia de piedra –copia en miniatura de un templo de Versalles– salían dulces voces de una misa realizada en quechua. El patio interior luce buganvillas y los restos de un carruaje oxidado. De la casona en ruinas sobresale el estilo afrancesado, rejas de hierro forjado, la celda para los esclavos y los viejos fogones. La comunidad campesina de Yaca, actuales dueños de la hacienda, ofrece sitios para acampar y servicio de canotaje en el Pachachaca.

APUESTA POR EL PASADO
En los extramuros de Abancay, se erigen las haciendas de San Gabriel, Pachachaca e Illanya. Las tres fueron adquiridas el siglo XIX por el italiano Lázaro Letona, y luego pasaron a ser propiedad de sus hijos José Antonio y María, y de otros dueños. Las carcomidas paredes de San Gabriel y Pachachaca están en plena campiña, rodeadas de árboles de molle y chacras de pan llevar; mientras que Illanya, una de las primeras haciendas (de 1592), es de lejos la mejor preservada, gracias a la puesta en valor llevada a cabo por las autoridades culturales. La visita está abierta al público, y desde sus balcones se puede contemplar la prodigiosa campiña de Abancay. En Illanya destacan la capilla, el museo, y una sala de exposiciones que alberga la urna de Mariano Herencia, uno de los tres presidentes (junto a Gamarra y Samanez Ocampo) que Apurímac ha dado al Perú.

El árbol de magnolia era tradicional en el patio de las haciendas.
Mientras que la hacienda Patibamba, enclavada en el mismo corazón de la ciudad de Abancay, es mencionada por José María Arguedas en “Los ríos profundos”. Ocupada ahora por el colegio César Vallejo, las huellas de la hacienda están por todos lados: grandes murallas y torreones rodean al centro educativo y los viejos salones y talleres mantienen su dignidad. Siempre se debe equilibrar las cosas, pues si bien algunos hacendados vivían como en París, la mayoría de los trabajadores, en especial los esclavos, solo subsistían. Sin embargo, oponerse a la restauración de las haciendas por motivos ideológicos, dejando que se destruyan majestuosos complejos arquitectónicos, desaprovechando su inmenso potencial turístico, sería un grave error.

Cómo llegar
Combinando vía aérea: Lima-Andahuaylas, con vía terrestre Andahuaylas-Abancay (3 h).
Combinando vía aérea: Lima-Cusco, con vía terrestre Cusco-Abancay (4 h). O exclusivamente
vía terrestre: Lima-Nasca-Abancay (14 h).
Dónde quedarse
Hotel de Turistas. turismoapurimac.com
Dónde comer
Restaurante Huayruro Steak House. Av. Arenas 153, Abancay.
Contacto: Julio Azurín, presidente Cámara de Comercio de Apurímac. T. 083-321991.

Pucallpa, De sabores y colores

Ucayali, al noreste del país, es uno de esos lugares en donde uno contempla leyendas y revive sueños. En Pucallpa, el clima es cálido, con una temperatura promedio anual de de 26 °C. Eso sí, siempre es bueno llevar un impermeable por las lluvias.



Aquí se come tacacho con cecina y se brinda con cerveza San Juan y jugo de camu camu. Su río –el Ucayali– es el padre del Amazonas y guarda tantas historias y leyendas como cantidad de gente que lo ha recorrido. Célebres algunos. El Che Guevara pasó por aquí y lo recorrió hasta Iquitos. En sus costas, varias comunidades shipibas viven en medio de costumbres que mantienen hasta la actualidad, y en sus alrededores hermosas cataratas caen desde el cielo.

SHIPIBO-KONIBOS
La laguna Yarinacocha se forma debido a un cambio de curso del río Ucayali. Durante la temporada de lluvias (de noviembre a abril), el lago se une con el río a través de canales. Su puerto de embarque y desembarque más importante es Puerto Callao, donde se pueden encontrar diversas embarcaciones que te llevan a las diferentes comunidades shipibo-konibas. A la más importante se llega después de navegar por 30 minutos por la margen izquierda del lago. En San Francisco hay alrededor de mil habitantes y es considerada la comunidad shipiba más organizada de la región. Al llegar, uno puede ser partícipe de sus espectáculos de danza y visitar el pequeño mercado artesanal donde exponen los más hermosos telares.

En Pucallpa, el clima es cálido, con una temperatura promedio anual de de 26 °C. Eso sí, siempre es bueno llevar un impermeable por las lluvias.

Además, las mujeres hacen demostraciones de belleza pintándose el pelo negro azabache con un tinte natural que resalta, aún más, su exótica hermosura. Hacia el lado derecho de Yarinacocha se encuentra el caserío 11 de agosto. Este poblado se puede visitar de lunes a domingo. Los habitantes los recibirán felices, los invitarán a su centro de reunión y les mostrarán, paso a paso, la elaboración de sus más selectas artesanías, hechas íntegramente con elementos de la zona. En ambas comunidades se fomenta el turismo rural comunitario; así, los que quieran ir tendrán la posibilidad de hacer turismo vivencial con los pobladores.


El puente colgante de Aguaytía, a 161 km de Pucallpa, fue construido entre 1939 y 1942 y tiene cerca de 800 metros de longitud.
RUTA DE CATARATAS
Desde el centro de Pucallpa se puede tomar la carretera Federico Basadre por 183 kilómetros hasta llegar a Aguaytía. En los años ochenta esta zona era considerada “altamente peligrosa”. El terrorismo y el narcotráfico habían tomado posesión de estas tierras. Se saben historias de aviones cargados de coca que salían desde Aguaytía. Hoy la DEA tiene un puesto de vigilancia constante y se siente mucho más la presencia del Estado.

Hoy los pobladores aseguran que duermen tranquilos y a la hoja de coca ilegal le han puesto el pare los cultivos de café, cacao, piña y plátano. Para llegar al Parque Nacional Cordillera Azul se debe pasar Aguaytía. Uno se da cuenta que llegó cuando la selva baja desaparece y, en su lugar, una cadena montañosa de un azul oscuro invita a ingresar a la tierra de las cataratas. Se debe pasar el boquerón del Padre Abad, denominado así gracias al extravío de un desubicado Francisco Abad en 1757. Ahí verás una cadena montañosa erosionada por las aguas del río Yuracyacu. La primera será el Velo de las Ninfas: un grupo de cataratas que caen desde lo más alto del acantilado. Casi al frente y aún al lado de la carretera, se encuentra la Catarata del Diablo; si uno se concentra, puede ver el perfil del dios del inframundo dibujado entre las rocas.

Solo hay que avanzar cinco minutos más para llegar al Velo de la Novia. El auto se estaciona en un punto al lado de la pista, debes pagar cinco soles por el ingreso y seguir caminando por pocos minutos, internándose, aún más, en la selva de Ucayali. El sonido del agua chocando con las piedras alimenta el espíritu e invita nuevos asistentes a correr llenos expectativa. Al llegar, el paisaje no desanima. El nombre es literal: un blanquísimo velo de novia baja desde el cielo para alimentar a una quietecita laguna de transparentes aguas. Cuenta el guía que el hijo del curaca shipibo-konibo se enamoró de una plebeya.

El padre, molesto, los mandó a matar. Ambos murieron pero la naturaleza se compadeció de su amor. A él lo convirtió en laguna y a ella en una mágica caída de agua. Quizás por eso los lugareños aseguran que las parejas que se bañan en estas aguas tendrán amor eterno. Quizás por eso también el Velo de la Novia es una de las cataratas más bonitas del país, y los que fueron esperan con ansias el momento de volver.

Restaurante El Paiche
En Ucayali abundan los platos que fusionan sabores y colores. Sus innumerables insumos son los protagonistas de esta fiesta gastronómica. La patarashca, un pescado envuelto en hojas de bijao, y el tacacho con cecina suelen ser los invitados de honor en la mesa de los pucallpinos. Acompáñalos con un jugo de camu camu, cocona o carambola y, de postre, una guanábana, poma rosa, casho, zapote o shimbillo.


Cómo llegar?
En avión. Lan y Star Perú tienen vuelos diarios desde
80 dólares. El tiempo de viaje es de aproximadamente
1 hora.
Por tierra. 840 kilómetros desde Lima por la carretera
Central. La Oroya, Cerro de Pasco, Huánuco,
Tingo María y Aguaytía hasta llegar a Pucallpa 18
horas después.
En río. Cinco horas desde Iquitos, en botes que tienen
un precio de 100 soles por persona.
Dónde hospedarse?
Amazon World amazonworldperu.com
061) 575539
Manish Eco Hotel manishhotel.com.pe
(061) 577167
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