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Lunahuaná, Escuela de aventura

Una alternativa para los amantes de los deportes al aire libre.

Si bien durante los meses de verano el caudal tiende a aumentar, las condiciones para aprender se mantienen.


Lunahuaná es siempre una de nuestras opciones favoritas para escaparnos de Lima sin irnos muy lejos. Sin embargo, esta vez la aventura será diferente. La escuela Kayakta Peru ha sido creada por el kayakista Leonardo Gonzales, quien decidió formar una comunidad para los amantes de este deporte. Junto a su esposa, Daniela, ha creado un lugar ideal para compartir sus conocimientos con todos los que quieran empezar con esta experiencia, alojando en su casa tanto a principiantes como a kayakistas experimentados.

Lo primero es juntar un grupo de cuatro o cinco personas y dirigirte hasta el kilómetro 33,5 del camino a Lunahuaná. Ahí te esperarán con todo lo necesario para empezar con las sesiones de kayak. Si no logras reunir un grupo, puedes llamar y unirte a otra comitiva que le falte algún cupo. La idea es iniciar los viernes por la noche con las clases teóricas y ya el sábado temprano empezar con las sesiones en el río, que se extenderán hasta la tarde del domingo.

Aunque Kayakta es más bien una escuela, sus dueños la consideran más una comunidad, así que el tema de precios y cupos se debe tratar directamente con ellos, a quienes los puedes contactar vía Facebook. Búscalos como: Kayakta-Peru.



Lo bueno de Lunahuaná es que el río tiene tramos para todos los niveles: desde inexpertos hasta los más avanzados así que no hay que preocuparse. Además de las clases, se organizan viajes o expediciones a diferentes ríos del Perú con los alumnos graduados.

Rumbo al sur
El pueblo de Azpitia se ubica a 90 km al sur de Lima y se le conoce también como el “Balcón del cielo”, por el paisaje que se puede apreciar del río de Mala. Para llegar, tienes que tomar el desvío a la altura del kilómetro 79 de la Panamericana Sur, luego seguir la antigua carretera hasta el pueblo de San Antonio para después tomar el desvío a la izquierda hasta Santa Cruz de las Flores. Aquí puedes detenerte un rato y degustar los vinos y piscos caseros que elaboran sus pobladores. Siguiendo por la ruta, se llega a Azpitia. Una vez ahí puedes ir hasta el restaurante El Balcón del Cielo o al del hotel El Mayoral y saborear sus platos a base de pato y cuy, y sus sabrosos tamales. Además, puedes recorrer el lugar, hacer paseos a caballo, trekking o ciclismo de montaña. Durante los días de Semana Santa, se organizan full days. Dónde: ytuqueplanes.com

Barriga llena, corazón contento
Para todos los que se embarcan a una aventura hacia el sur, indispensable parar en el restaurante El Batán, clásico para disfrutar de diversos platos nacionales e internacionales. Si pasan por la mañana, sugerimos el desayuno Batán, que incluye chicharrones, salchicha huachana, tamales, jugo y café. Para el almuerzo, carapulcras, tacu tacu, asado, rissotos y pastas dejan satisfecho hasta al más hambriento conductor. Dónde: elbatanchincha.com

Punta Patillos, Paraíso de ecoturismo

Punta Patillos pasó de ser un basurero a una de las bahías más bonitas del norte chico. En el lugar hay diversas especies marino costeras en peligro de extinción, como la nutria de mar o el pingüino del Humboldt. Para no molestar a los animales se les pide a los huéspedes no hacer ruidos excesivos como el uso de fuegos artificiales o música muy alta.



Hace cinco años un grupo de cuatro amigos fotógrafos e ingenieros paseaban por el distrito de Culebras, en Áncash, y se toparon con una playa sucia, llena de basura. “Los bomberos”, como se les llamaba a los pescadores que utilizaban dinamita en sus faenas, arrasaron con todo ser viviente y a la playa se le conocía como “Playa Muerta”. Fue un largo proceso que incluyó charlas de capacitación y conservación a la población para que este grupo de amigos lograra que “Playa Muerta” sea un Área de Conservación Privada y recuperara su antiguo nombre: Punta Patillos.

Para llegar aquí, necesitas recorrer en dirección norte los 318 kilómetros que la separan de Lima. Luego debes tomar el desvío de cuatro kilómetros que te dejará en el ecolodge Punta Patillos. El lugar tiene dos búngalos para hospedar a un total de 16 personas; ambos cuentan con un biodigestor para la descomposición natural de residuos con los que se elabora el compost que abona los jardines. Además, usan energía eólica y solar y la basura es separada por orgánica e inorgánica, de manera que se recicla y se reutiliza. Si el mar está tranquilo, puedes comprar pescados y mariscos en la playa y almorzar fresco al lado del mar.

Paisajes naturales
Entre los kilómetros 150 y 175 de la Panamericana Norte, exactamente en el distrito de Végueta, una laguna de siete kilómetros de largo se extiende en medio de la playa. La albúfera del Medio Mundo, como se le llama, ha sido declarada Zona de Reserva Turística Nacional y es el lugar ideal para tener un fin de semana tranquilo y en contacto con la naturaleza. Puedes hacer kayak, remo, velero o buceo en sus aguas; además, los amantes del birdwatching se regocijan con las decenas de especies de aves residentes y migratorias que se pueden ver. En los alrededores hay un hotel con precios variados según la temporada entre los 50 y 150 soles, además de una zona de camping; esta última tiene un costo de dos soles por carpa y dos soles adicionales por persona. Dónde: huacho.info

Para degustar en el camino
 A la salida de Huaral, un típico restaurante hará que pares para almorzar antes de seguir tu recorrido hacia el norte. El Rincón de Robertin tiene como plato bandera el chancho al palo que tanto gusta, el cual fue premiado como el plato más vendido en las ferias Mistura del 2009 y 2010. A su gastronomía se le suma el ambiente campestre, y los espectáculos con caballo de paso se convierten en una fiesta a la hora del almuerzo. Dónde: elranchoderobertin.com.pe